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Costa Rica: Enseñanzas de las elecciones

Liberación Nacional ganó porque posee una maquinaria organizativa con más de 40 años de experiencia en estas actividades, aunada a una lealtad partidaria basada en las glorias del pasado lejano.

 

Alfonso J. Palacios Echeverría

09/02/2010 02:40 pm

 

En artículos anteriores había insinuado que “el milagro” del cambio de rumbo no se llegaría a dar en esta Costa Rica tan paradójica, por más que lo deseáramos muchos, a fin de corregir algunos aspectos del derrotero que el país tomó hace ya algunos años. Y no es que había que realizar cambios dramáticos, sino rectificar medidas tomadas al calor de intereses corporativos, o que fueron producto de lo que acá llamamos “ocurrencias”.

Lo primero que llama la atención de las elecciones recién llevadas a cabo es que mientras reiteradamente las figuras emblemáticas de los partidos decían mucho acerca de la polarización que se sospechaba existía en el país, en el fondo, al parecer –desde la óptica del ciudadano de a pié- esta polarización no existía. Este es un tema controversial que requiere de un análisis profundo, pues realmente parece que las preferencias ubicadas en el centro izquierda del espectro político está representado por solamente un 27% del electorado que ejerce su derecho a expresarse en las urnas, mientras el centro derecha y la extrema derecha, por más del 67%. ¡Y quien decide es el pueblo!

Y vamos a explicar ese tema, pues lo que sucedió el domingo 7 de febrero del 2010 es una lección de vida, de ciencia política y de organización partidaria sumamente valiosa. Y las grandes preguntas son ¿Por qué ganó Liberación Nacional?  ¿Por qué Acción Ciudadana pierde tan estrepitosamente y decrece en las preferencias de los ciudadanos? ¿Por qué el Movimiento Libertario avanza aún más? ¿Por qué los partidos pequeños, con excepción de Accesibilidad sin Exclusión, prácticamente se difuminan en el aire?
Todo resulta ahora claro, cuando el pueblo se pronuncia, pero como de costumbre las imbricaciones que existen detrás del pronunciamiento de un pueblo son más complejas de lo que puede uno imaginarse. Y ello obliga a realizar un análisis detallado, para aprender las lecciones y no volver a cometer los mismos errores, cosa que percibo como bastante difícil, porque el ser humano el único animal que se golpea dos veces con la misma piedra.

Lo primero que hay que decir es que la mayoría de las veces, los que dirigen los partidos políticos nuevos y sus asesores técnicos, se obnubilan por las brumas de un entusiasmo febril, y dan por un hecho sus buenos deseos, cuando la realidad es absolutamente otra. Los ciudadanos –en todos los países del mundo, querámoslo o no- son por lo general en un altísimo porcentaje bastante ignorantes, primitivos en sus instintos, desconocen las implicaciones políticas de una corriente ideológica, y actúan según les despierten sus emociones los candidatos y las maquinarias partidarias. En otras palabras, emiten su voto con cualquier otro órgano del cuerpo, excepto con el cerebro. ¡Esta es una realidad que jamás debe dejarse de tomar en cuenta, y que los partidos viejos aprendieron hace mucho tiempo!

Liberación Nacional ganó por cuatro elementos importantísimos: posee una maquinaria organizativa con más de 40 años de experiencia en estas actividades, aunada a una lealtad partidaria basada en las glorias del pasado lejano (porque su presente y su pasado inmediato está manchado por la más abyecta corrupción) que le aseguraba al menos un 38% del electorado; posee fuentes ingentes de financiamiento (se supone que gastó más 7500 millones de colones en propaganda política y gastos de operación) provenientes de aquellos sectores empresariales interesados en el mantenimiento del status quo; porque la imagen de una mujer como candidata tocaba fibras importantes del sentimiento de una población que se caracteriza por ser un gran matriarcado; y finalmente porque los que salieron en desbandada del Social Cristianismo (sus socios en los negocios, entendámoslos)  no fueron a parar a otros partidos, preferían el enemigo conocido que al amigo por conocer.

Acción Ciudadana no ganó, y lo que es peor, decreció de un 40% a un 25% en la intención de voto del electorado, por varias razones un poco complejas: el partido (y su caudillo) no supieron reclamar con fuerza viril hace cuatro años, cuando el al actual presidente se le declara ganador por menos de 19,000 votos, apareciendo luego unas urnas con sumas considerables de votos abandonadas en lotes baldíos, dadas por perdidas por el Tribunal Supremo de Elecciones, y que de seguro le hubieran dado el triunfo, aceptando las declaraciones del Presidente del TSE en el sentido de que son “cosas que suceden en todas la elecciones”, y declarando luego su líder “que la paz social de Costa Rica era más importante que la Presidencia de la República”, error fatal para la imagen que perciben los ignorantes, que no por ello dejan de ser ladinos y muy acertados en sus percepciones; en segundo lugar,  porque el partido no supo capitalizar la unión de voluntades que se generó cuando lo del referéndum del TLC, y se mostró inflexible a alianzas con las corrientes nacidas de esas lides, por una rigurosidad ideológica mal entendida y peormente aplicada, dando una muestra de inmadurez y una ausencia de pragmatismo que resultan fatales en política; luego, porque la mayoría de quienes integran este partido provienen de los estratos medios de la población, con fuerte representación de intelectuales , profesiones y toda la variopinta gama de los que –teniendo magníficas intenciones- viven en un mundo ideal, académico, y se olvidan que quien decide es el pueblo bajo, municipal y espeso, a quien le importa poco la ideología, y que para convencer a la gleba se necesita dinero para propaganda, lo que rechazaron de plano, parcialmente, de la cuota de financiamiento estatal a la que tenían derecho; y finalmente, porque a pesar de tener ya dos gestas electorales a su haber, todavía no han logrado generar un aparato organizativo orientado hacia ganar elecciones, y se quedaron en el idealismo de la cooperación partidaria desinteresada, que está muy bien, pero que para estas realidades no es suficiente.

Los Libertarios, la extrema derecha y socios del actual gobierno durante tres años, cuando les interesaba impulsar las medidas provenientes del neoliberalismo que se había instaurado en el gobierno y al que ellos veneran con idolatría digna de mejores causas, incrementó su caudal en la preferencia de los votantes, gracias a una marejada de propaganda política, sin sustento ideológico, superficial y efectista, que sí supo aprovechar la ignorancia generalizada de los estratos más bajos de la población. El diseño de su campaña fue mentirosa e incongruente desde el principio, alegando distanciamientos que jamás existieron del actual gobierno, muchas veces fuera de tono, y en algunos casos hasta irrespetuosa. Pero –como dijimos anteriormente- ¡quien decide es el pueblo!

El Social Cristianismo, a pesar de la debacle de credibilidad por tener un ex presidente condenado por los tribunales de justicia por actos de corrupción, junto a su camarilla de cómplices, y otro en vías de juicio a quien no le esperan días muy agradables, da la sorpresa de sacar un número de diputados inesperados. Y la razón es muy simple: quienes creen en los ideales del pensamiento político socialcristiano son fieles a él no importa que los líderes sean unos pillos, estén condenados o acusados de actos perversos.

Las lecciones son obvias, el aprendizaje debería ser el producto natural (aunque no siempre sucede así) y el futuro nos dará algunas señales claras de lo que ha de ocurrir “en este país de paradojas”, como señalé anteriormente.

Muy mal le irá a la distinguida señora que asumirá como presidente de Costa Rica en el mes de Mayo próximo, si no aprende de una sola vez a negociar con habilidad, con una Asamblea Legislativa en donde su partido no tiene ni siquiera la mayoría mínima indispensable para seguir adelante con los planes neoliberalizadores. Pero recordemos que los minoritarios se venden al mejor postor, como sucedió en este período de gobierno con el representante de los grupos cristianos, que por una partida de varios millones para una fundación de los grupos vinculados a él, sirvió de felpudo de la presidencia de la república, integrándose al coro de los “yes man” que ha sido la bancada liberacionista. Así que todo es posible. De la misma forma que los Libertarios –que fueron comparsa de los Arias- se olviden de sus diatribas atrabiliarias de campaña y entren nuevamente en componendas.

De ahora en adelante, ¡cada quien arréglese como pueda!

 

 

 

 

 

 

 
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